Estilos de gestión

1. Estilos de Gestión

Gestión pasiva.

En estricto sentido, la gestión pasiva consiste en determinar la composición de una cartera en el momento de constituirla, sin que posteriormente se tome decisión alguna para alterar la composición inicial. El término se emplea actualmente para describir un tipo de gestión por el que se elige una referencia para la cartera en el momento de su constitución y se replica la composición de aquélla en cada momento del tiempo. La referencia suele ser habitualmente un índice representativo de un mercado determinado, y así se habla de “fondos o carteras indizados”.

Un ejemplo de gestión pasiva sería la creación de una cartera referenciada al Standard&Poor’s 500, uno de los índices bursátiles más importantes de estados Unidos. En el momento de su constitución se comprarían los valores que se incluyen en el índice en las proporciones que tienen en él, y los cambios en esta composición se deberían exclusivamente a los que ocurrieran en el índice, sin que los gestores realicen ninguna operación de acuerdo con sus expectativas. También es gestión pasiva la práctica habitual de comprar una serie de valores y mantenerlos en nuestra cartera de manera permanente, vendiéndolos sólo cuando haya finalizado nuestro horizonte de inversión.



Gestión activa. 

La gestión activa consiste en ajustar en cada momento la composición de la cartera a las expectativas que tenga el gestor sobre la evolución del mercado en su conjunto y de valores determinados, de modo que, de realizarse éstas, se obtengan resultados positivos.

Esta estrategia de gestión requiere un seguimiento constante de los mercados y de los títulos individuales negociados en ellos, así como el uso de técnicas de análisis (tanto análisis técnico como análisis fundamental) y, en general, de cualquier herramienta que apoye la selección de valores concretos en cada momento.

La justificación válida para usar  este estilo de gestión es la obtención sistemática de rendimientos superiores (superar al mercado) a los de la referencia más indicada para la comparación. Al igual que hay numerosos estudios académicos que afirman la eficiencia de los mercados en distintas modalidades, también están documentados casos de profesionales y de estrategias de inversión que obtienen rendimientos sistemáticamente mayores que los de las referencias.

Además, es necesario tener presente que la gestión activa resulta más arriesgada, puesto que existe la incertidumbre sobre si se logrará batir al mercado o, por el contrario, no se alcanzará el rendimiento de éste. Con esta perspectiva, la obtención de rendimientos superiores no hace sino remunerar este riesgo adicional.